Ayer fue un día por demás simpático. De alguna manera me di cuenta que no menos de 6000 personas adornaban sus cuellos con pañoletas multicolores, sin ser locas desaforadas. Se enfundaban en camisas azules sin ser cobradores de combi y tomaban la Av. Brasil sin quemar
llantas ni mucho menos protestar por el gobierno de turno. Como comprenderán, yo también formaba parte del mar humano que se congregaba para decirle a la sociedad limeña que los Scouts no estamos extintos, quizá algo ocupados, pero siempre con ánimos de servir y de paso divertirnos.
Los desfiles suelen traernos alguna nueva amiga o algún reencuentro con alguna fémina extraviada; sin embargo, más allá de la felicidad que conlleva aumentar un correo a tu lista del msm, el estribillo de una canción no ha dejado de resonar en mi caja negra. “Un capitán de un barco inglés en cada puerto tiene una mujer…” y luego aquí sentado frente a la
computadora la imagen de un par de tórtolos en el terminal de Cruz del Sur de Chiclayo ha sacado a flote el minúsculo espíritu novelero que poseo.
Lo usual, al ver a una pareja despedirse al frente de un Bus, es un “piquito” tierno, ligero y despreocupado. A lo más una acomodada de casaca con la respectiva traviesa fruncida de ceño; sinónimo que la chica desconfía del buen cuidado que el tipo podrá auto proporcionarse una vez que ella lo deje ir. Eso es lo común.
Sin embargo, a pesar de la mención del nombre del enamorado viajero por los parlantes del terminal, la mirada gruñona e inquisidora de ciertos pasajeros y el sonido del claxon del interprovincial. Las lenguas se negaban a desatar el nudo rizo que conformaban en la oscuridad; la cabeza de ella se recuestaba sobre el pecho de él y posiblemente con los ojos cerraditos le pediría al Señor de Muruhuay que guíe el camino y llegue salvo a su destino.
Hasta allí todo bien, tan sólo hay un ligero detalle; así como muchos capitanes en la antigüedad respondían a mandatos reales, algunos cientos de años después muchos trabajadores acatan las órdenes de gerentes ansiosos de nutrir la vista de sus subordinados con otras realidades; claro está, sin imaginar que en alguno de aquellos puertos alguna lugareña podría prendarse de su
Jack Sparrow o él de ella.
Bueno pues, tal vez la chiquita del terminal chiclayano tenía razón. Debía aprovechar hasta la última milésima al capitán que abandonaba el puerto con la promesa de un pronto retorno. ¿Como sabía que era un Sparrow? Simple, Me tocó compartir el viaje junto a él.
La canción sigue la rima con “la rubia es, sensacional y la morena tampoco está mal”… y luego se enumeran todos los países del continente con las características esteriotipadas de sus mujeres (me encanta cuando dice y la chilena que todo lo da); sin embargo me masticando un poco mas la ideas... y ¿si el capitán jamás regresara? ¿alguna de las lugareñas se hubiese lanzado al mar, sobre una carabela en búsqueda de aquel personaje?
Es una hipótesis sin ningún sustento, pero casi siempre las variables se han mantenido constantes en el tiempo (el Sparow del Callao se va y ella se queda) , mas allá de alguna casualidad o de alguna causal no intrínsecamente relacionada con el amor en sí. Los protagonistas se sumergen el mar de lamentos que implica la separación.
Tal vez por ello la canción no juzga al capitán, tan sólo narra escuetamente y enumera a cada una de las doncellas con las que compartió momentos inolvidables, quizás si exista un reproche a la canción; pues lo más probable es que la intensidad y duración de los idilios hayan sido exponencialmente diferentes y la enumeración sencilla no sea la justa medida.
Ojala y la mamá del buen scout que miraba horrorizada como sus hijos, al estilo de complacidos bucaneros, entonaban aquella clásica canción; no enfoque la ligereza del capitán, sino que vea con otros prismáticos la añeja historia. Quien sabe, a lo mejor ella, nunca se atrevió a coger sus morrales y perseguir alguna vez a su inglés.
El Maiky
En la primera foto era imposible no colocar al buen Luchin Palomono, Graxias por el aporyo en el desfile, la admiración respectiva.
llantas ni mucho menos protestar por el gobierno de turno. Como comprenderán, yo también formaba parte del mar humano que se congregaba para decirle a la sociedad limeña que los Scouts no estamos extintos, quizá algo ocupados, pero siempre con ánimos de servir y de paso divertirnos.Los desfiles suelen traernos alguna nueva amiga o algún reencuentro con alguna fémina extraviada; sin embargo, más allá de la felicidad que conlleva aumentar un correo a tu lista del msm, el estribillo de una canción no ha dejado de resonar en mi caja negra. “Un capitán de un barco inglés en cada puerto tiene una mujer…” y luego aquí sentado frente a la
computadora la imagen de un par de tórtolos en el terminal de Cruz del Sur de Chiclayo ha sacado a flote el minúsculo espíritu novelero que poseo.Lo usual, al ver a una pareja despedirse al frente de un Bus, es un “piquito” tierno, ligero y despreocupado. A lo más una acomodada de casaca con la respectiva traviesa fruncida de ceño; sinónimo que la chica desconfía del buen cuidado que el tipo podrá auto proporcionarse una vez que ella lo deje ir. Eso es lo común.
Sin embargo, a pesar de la mención del nombre del enamorado viajero por los parlantes del terminal, la mirada gruñona e inquisidora de ciertos pasajeros y el sonido del claxon del interprovincial. Las lenguas se negaban a desatar el nudo rizo que conformaban en la oscuridad; la cabeza de ella se recuestaba sobre el pecho de él y posiblemente con los ojos cerraditos le pediría al Señor de Muruhuay que guíe el camino y llegue salvo a su destino.
Hasta allí todo bien, tan sólo hay un ligero detalle; así como muchos capitanes en la antigüedad respondían a mandatos reales, algunos cientos de años después muchos trabajadores acatan las órdenes de gerentes ansiosos de nutrir la vista de sus subordinados con otras realidades; claro está, sin imaginar que en alguno de aquellos puertos alguna lugareña podría prendarse de su
Jack Sparrow o él de ella.Bueno pues, tal vez la chiquita del terminal chiclayano tenía razón. Debía aprovechar hasta la última milésima al capitán que abandonaba el puerto con la promesa de un pronto retorno. ¿Como sabía que era un Sparrow? Simple, Me tocó compartir el viaje junto a él.
La canción sigue la rima con “la rubia es, sensacional y la morena tampoco está mal”… y luego se enumeran todos los países del continente con las características esteriotipadas de sus mujeres (me encanta cuando dice y la chilena que todo lo da); sin embargo me masticando un poco mas la ideas... y ¿si el capitán jamás regresara? ¿alguna de las lugareñas se hubiese lanzado al mar, sobre una carabela en búsqueda de aquel personaje?
Es una hipótesis sin ningún sustento, pero casi siempre las variables se han mantenido constantes en el tiempo (el Sparow del Callao se va y ella se queda) , mas allá de alguna casualidad o de alguna causal no intrínsecamente relacionada con el amor en sí. Los protagonistas se sumergen el mar de lamentos que implica la separación.
Tal vez por ello la canción no juzga al capitán, tan sólo narra escuetamente y enumera a cada una de las doncellas con las que compartió momentos inolvidables, quizás si exista un reproche a la canción; pues lo más probable es que la intensidad y duración de los idilios hayan sido exponencialmente diferentes y la enumeración sencilla no sea la justa medida.
Ojala y la mamá del buen scout que miraba horrorizada como sus hijos, al estilo de complacidos bucaneros, entonaban aquella clásica canción; no enfoque la ligereza del capitán, sino que vea con otros prismáticos la añeja historia. Quien sabe, a lo mejor ella, nunca se atrevió a coger sus morrales y perseguir alguna vez a su inglés.
El Maiky
En la primera foto era imposible no colocar al buen Luchin Palomono, Graxias por el aporyo en el desfile, la admiración respectiva.