martes, 28 de julio de 2009

Si te vas a ir avísame

Me encuentro con una laptop suspendida entre el muslo y mi panza, frente a mí, Carlos Cacho se resquebraja al frente del hoy agudo Bayli recordando al amigo que partió. Veo el Messenger y quiero conversar con alguien, acaban de darme feriado y puedo hasta descansar mas tarde. ¿A quién saludo? El ramillete es tentador pero un contacto ha colocado en su descripción “De luna de miel en…” bueno, ya sabía que se casaba y decidí que lo mejor era borrar su número de mi celular. Prendo mi fiel Nokia y mientras recorro el directorio, decido que al menos un par de nombres, además del de la ahora flamante esposa, deben de ser eliminados.

Me siento tentado a marcarlos, de seguro no recibiré respuesta alguna, es lo usual. En la tele Cacho, entrecruza las piernas y esboza un consejo para sus féminas seguidoras. Más de una peruana sucumbe ante los tips del rubio estilista y obviamente eso me causa perplejidad, ya quisieran todos los contactos masculinos de mi celular y messenger (obviando a los que no les gustan las mujeres) tener el poder de llegada del engreido de Gisela para con las mujeres, los suspiros de ternura y susurros de complacencia traspasan el set de televisión. De seguro Cacho recibiría un “aló” complaciente por el auricular y no media docenas de tuuuu …. tuuuuu tal como sucede luego de intentar contactarme con estas personas.

De alguna forma entiendo que cuando alguien parte de este mundo, por decisión del Nazareno y su padre, las posibilidades de una última conversa sean remotas, a excepción que sufras de alguna terminal; la misma que te permitirá repartir tickets y establecer un calendario de últimas reuniones de despedidas. Viéndolo de esta manera, no es tan malo decirle adiós a este mundo de esa forma, la paz llega más rápidamente para los que se quedan y pocos misterios se quedan en el aire.

Veo el Messenger y el contacto amigable, compañero y travieso que otrora me acompañaba sigue encendido con el mensaje nupcial en el asunto. Hace no más de 30 días los anillos, el vestido de novia, la fiesta y la luna de miel no formaban parte de la tertulia cotidiana, muy por el contrario, los planes académicos y laborales flotaban sobre el food court. No hace más de 10 días me dijeron “Disculpa por no haberte dicho nada” a lo que replique ¿Y quién soy yo?, no hay porque pedirme disculpas, 10 días después me reafirmo en la posición.

Llevo los celulares a la mesa de noche y me percato que pesan menos, el directorio ha pasado por una ligera revisión técnica y durante ese proceso, las imágenes se superponían unas tras otras, recuerdos de noches y tarde divertidas, pasionales, somniferas, sorpresivas, tenebrosas, en fin, creo que como la de cualquiera. Sin embargo ya con el Francotirador y Cacho fuera de pantalla, con el Messenger abierto y con los celulares al lado de la almohada, tan sólo un gran pedido (sea cual fuese el motivo) Si sabes que te vas a ir, al menos avísame, siempre es bueno una última conversa de despedida.