domingo, 23 de octubre de 2011

¿La competencia de Mickey?

La luz tenue, la escasa luz y las meriendas junto al lado de una voluptuosa colección de libros, empezaron a ser las recurrentes imágenes de estas cuatro paredes. Y en realidad no debería ser anormal recluirse entre escritos e investigaciones en pro del conocimiento, sin embargo cuando el mundo y sobretodo los calendarios no se detienen, las divisiones de cemento se convierten en muros más gruesos, las ventanas se ven más pequeñas y el silencio empieza a ser una agradable compañía.

Así una noche sin luna, cuando los grillos se fueron de paseo y la cama, las sillas y las mesas se convirtieron incomodas,


Si el sólo observar 10 libros por devorar era ya una tortura, porque no pensar que podrían ser más de mil, si la láuna leve sonrisa se esbozo en medio de un domingo por la noche. El suelo frio parecía ser acogedor y la espalda necesitaba de ese rigor esquivo para darle la vuelta a otra noche de monotonía.

En esos momentos un lío amoroso felino, de esos que suelen suscitarse entre tejas ardientes, hizo que tu viera un sobresalto. Creo que el galán angora logro ponerse a buen recaudo o de repente su furtiva acompañante deseaba verlo en una nueva noche pues el ronroneo más parecía una oda al recuerdo.

Es allí que atiborrado de pensamientos el aburrido espacio donde discurrían las noches de descanso, se convirtió en la biblioteca de narrativa medieval y micifuz en el enemigo natural.mpara otorgaba la brillantez necesaria para no estresar a un rebelde lector, porque no pensar que podría ser un candil de kerosene de corto alcance y si era cansino impulsar las yemas sobre una portátil sobre las piernas, porque no pensar que una pluma con tintero ayudaría a plasmar las ideas de la mente.

El movilizarse de un lugar a otro se convertía en un paseo sobre rechinantes maderos y cada vez que las cortinas eran agitadas por el viento nocturno había que cuidar que no sólo la mecha que iluminaba el espacio de trabajo no se apagará sino agacharse a recoger algunas fotos que acompañaban las veladas sobre la mesa de lectura.

Sobre la cabeza un halcón decidió que no fuese parte de su merienda e iba y venía incesantemente al pueblo a traerme la correspondencia, no importase que fuese de día y de noche, siempre que la ventana este sin seguro. Era común brindar por las buenas nuevas recibidas aunque alguna vez extendió sus alas para ayudar a pasar algún mal rato.

La ruma de libros y la estantería atiborrada de conocimiento muchas veces reducían el poco aire que circundaba el lugar y había que abrir la ventana superior, subirse sobre la colección de estudios algebraicos y dejar que la brisa de la noche diera ese respiro. Allí llegaba “Tiho” un Guacamayo parlanchín, un avechucho que se ganaba la vida como imitador por las mañanas y que por las noches memorizaba mis palabras y las reproducía algunos kilómetros más allá con una fidelidad indrescriptible. Merlín, el mago de la comarca dejo como obsequio una concha de caracol que cumplía la misma labor que “Tiho” pero era divertido el pisar los libros abrir la ventana y escuchar con los ojos cerrados y la cola en la mano la imitación perfecta del verde amarelo plumífero. Al cerrar la ventana, un apretón sincero a sus patas rojas

y el sincero aplauso era el mejor pago que podía brindarle.

¿Cómo iba y venía tan rápido? El buen Merlín alguna vez lo toco con su báculo de marfil y le dio el secreto de los vientos del sur… en fin cosas de hechiceros.

Ahh claro… los pies

se enfrían y hasta la narrativa sea cancina, así que allí esta, así nació una buena noche el ratón, en su biblioteca, con sus libros, narrativas, esperanzas, desventuras , hechizos, odas y trovas, conviviendo con los enredos de la cola propia y ajena .

Al menos de esta forma algunos fines de semana de estudio y ansiedad discurrían de forma más entretenida.

Ojalá algunos y algunas quieran conocer más de esta biblioteca y su comarca donde quiera que estén.

Es tiempo de apagar el lamparín, guardar al halcón, tapar la tinta, doblar los pergaminos y claro dejar que plumífero se vaya a parlanchinear mas allá, quizás el ratón se anime a contar algunos de sus últimos cuentos, total Mickey y Disney no son los únicos que pueden fantasear, que descansen

El ratón de biblioteca

miércoles, 31 de agosto de 2011

Paris



Fue una de las primeras cosas que me regalaron, una guía de la ciudad, siempre he tenido predilección por llevarlos conmigo, no es agradable estar perdido y más aún cuando te encuentras sólo en la ciudad. Aquella vez me sirvió en demasía, le coloque más de un puntito y con paciencia logré ubicarme hasta memorizar cada espacio de la ciudad. Allí aparecía la heladería, el restaurante donde almorcé, las oficinas y claro como llegar a mi hotel.

A la espalda de aquel papel impreso con las calles de la urbe, la publicidad y sus mensajes buscaban inducir a los visitantes a disfrutar de los placeres de la ciudad, con excepción de uno, el cual me llamo por demás la atención, pues tenía el logo parecido al de una tienda muy antigua de zapatos a donde mi madre solía ir de compras. Aún recuerdo

el olor a cuero y tintes de la casa del calzado el cual por inicios de los años 80 cubría los finos pies de las damas de la época, en fin el hecho es que en esta tienda vendían joyas. Bah… joyas, es decir yo busca

ba discotecas, pizzerías, pubs y me ponen joyas… es decir…

Unos meses después el mismo mapa me serviría de guía en la ciudad, estaba vez buscaba restaurantes y funcionaba como un laza


rillo pues los puntos marcados me llevaban sobre los pasos recorrido, en realidad al cabo de unas horas el mapa mental me obligo a tenerlo casi siempre en el bolsillo posterior del jean. Tan sólo al irme, en el preciso momento de sentarme en el b

us, el mapa se estaba estropeando con el peso que ejercía sobre él, es allí que al pararme para colocarlo en otro sitio, me

permitió observarla de pie, con las manos sobre la reja y con las mismas ganas de quedarnos en el mismo lugar.

Esa misma imagen regresaba una y otra vez en casa, cada vez que observaba el mapa sobre la mesa de mi habitación, las mismas preguntas sin respuestas, una y otra vez, hasta que Paris otra vez Paris cobro sentido. Largas horas para llegar hasta París, no sin antes realizar paradas en busca de lo perfecto, innumerables manos se ofrecieron en pro del momento memorable; sin embargo tan sólo al llegar la noche y luego

de largo peregrinar Paris abriría sus puertas.

Una vez allí no fue muy difícil, el brillo era el indicado, la forma especial, abrí nuevamente aquel mapa gastado, otorgado en la primera vez y me cerciore que fuese el mismo lugar. El fondo negro las letras plateadas y Joyerías París emociones que brillan… y vaya que brillo… como la última vez que vi sus ojos… como las estrellas que hoy están lejos, tan lejos y tan cerca en este cielo limeño…




nota.- La foto superior es uno de los obstáculos divertidos camino a Paris... algun dia quizas lo cuente

domingo, 22 de mayo de 2011

En un día feliz


¿Hugito de que quieres tu torta? … con esa frase mamá solía iniciar la semana previa a mi cumpleaños, casi siempre respondía de Crema chantilly con fresas encima y casi nunca recibía el pedido, mamá pensaba quera muy poca cosa y tenía tortas inmensas con el ratón Mickey de figura estelar, Spiderman, hasta una cancha de futbol. Ya un poco más grande las tortas se cambiaban por las infaltables dulces de galletas y moka, sin embargo creo lo más cercano a la famosa torta de deliciosas fresas fue una de durazno al jugo. Si de velitas se trata bueno allí sí, dentro de la familia se esmeraron en llevar muy bien la contabilidad de los onomásticos, a tal punto que en cumpleaños 14 de mi prima Karlita, tuve que salir disparado de las sala, la razón era simple, mi adorada tía Carmencita recordó que ambos teníamos la misma edad, situación que no tendría nada de extraño a no ser que 15 eran los años que debía tener para mi enamorada de entonces.

Sus ojos se volvieron muy grandes, su sonrisa se convirtió en una línea horizontal y yo desaparecí, no recuerdo con que pretexto al cuarto contiguo, en esos pocos segundos de soledad no comprendía porque mi tía tuvo que llegar a ese punto, el hecho que llevará huevo duro en taper de plástico, el quaquer con manzana frio o la mandarina sin pelar de cascara delgada y pegajosa en mi ridícula lonchera amarilla con dibujo de vaquita eran las anécdotas perfectas a develar un secretito fatal cuando tienes poca experiencia sentimental. La mentirilla llego como puñalada a la fémina y unas pocas semanas después no disfrute de un regalo memorable en 10 de febrero y menos mi regalo de Valentín.

Y es que los cumpleaños siempre son diferentes, algunos fríos e inclusive húmedos. Sí, léase bien: húmedos, pues en la casa del buen ñono luego del Happy Birthday llegaba el baño popular. La sala del hogar, sea en el pujante barrio de las Torres de San Borja o en el clasista La Molina, se convertía en una piscina y todo aquel que llegaba a saludar al cumpleañero(a), además de recibir grandes dosis de cervezas y generosos platos de comida de la buena “Concho” (finísima maestra de la olla y el cucharon) recibía su balde con agua. Las celebraciones llevaba casi ese mismo esquema año tras año sin embargo una noche, el destino decidió llevarlo al punto máximo al clímax de la humedad. Una cimbreante brasilera de menudo cuerpo pero de rebosante valentía, decidió humedecer cuanto labio se cruzará por su camino, a algunos logó inclusive humedecer hasta sus prendas más íntimas, llegando a la inigualable cifra de 99% de hombres beneficiados por la experiencia. Como dice la canción, nadie sabía ni una pizca de portugués pero la comunicación fue fluida. Grande ñoño.

Pero no toda celebración estuvo asociado con imitaciones de bacanales juveniles, aún recuerdo con claridad la noche en que mi buen amigo el flaco Macgiver llegó a la puerta de mi casa como tantas noches por aquel entonces, pidiéndome un gran favor. Al cabo de unos segundos y sin muchos detalles me encontraba sobre el buen auto verde, con una canción de Oasis de fondo y con destino al hogar de una damicela. El ritual no parecía nada extraordinario pues me imaginaba la parafernalia se realizaría en la acera, en la calle, contando como únicos testigos a la luna, al carro party, la pareja y el guitarrista de cuarta (Osea yo) como únicos testigos. Pues no, estaba dentro del hogar de la chica y mi buen amigo candando a voz en cuello, como solo él lo podía realizar y en ese instante hasta los acordes de la guitarra encajaban sin dudar. Bien Mac, esas agallas hasta de anciano de seguro me arrancarán una sonrisa.

http://www.youtube.com/watch?v=r8OipmKFDeM&feature=related (Aquí la canción interpretada)

Con la llegada del marketing muchos sentimientos se han reflejado en finos bombones, rodeados de esplendorosas rosas de estación, ni que decir de los gigantescos peluches made in china o algunos detalles de tienda de ocasión. Quizás por ello recién comprenda porque mamá no me dio aquella torta de vitrina y mi madrina al año de la despedida de mi viejita me regalo un keke hecho con sus manos y ahora mi tía insista en sus pudines de vainilla y chocolate. De seguro también regalare muchas cosas de tienda pero las travesuras con velas, las noches mojadas y las ocurrencias del mac entre otras se llegan a recordar un poquito más, así que espero sea un día de sorpesas. Feliz cumple con amor

(En la foto la gente de la adolescencia, incluyendo a dos cumpleañeras del relato)

El Mayky

domingo, 27 de febrero de 2011

El auto party y su quita calzón

Han pasado algunos años desde que el carro party (el auto de mi madre) rondaba por las calles de esta Lima cada vez mas caótica, sin embargo el olor de la silicona recién aplicada y de plástico de estreno es difícil de olvidar. Por aquellas épocas la ciudad de Lima por la mañana, era tan complicada como hoy, sin embargo al salir la luna a colaborar con el alumbrado público, las calles no conocían de inspecciones etílicas ni mucho menos de sanciones ejemplares que hoy hasta te pueden prohibir de la libertad.

En aquellos tiempos el dinero no escaseaba y recorrer 50 kilómetros se tornaba sencillo con la popular “chanchita” de rigor, algunas cervezas del grifo y sólo buena música transformaban una noche de sosiego en una aventura cuyo destino habitualmente era el olor y la vista de la aguas del pacífico.

Aquel auto verde agua de ligero andar. recorrió más de un destino, pero siempre se las ingeniaba para no detenerse,

ni siquiera en un amague de choque el buen auto dejo de funcionar, de alguna manera se las ingeniaba para continuar su camino, es más llegue a pensar que lo disfrutaba tanto como nosotros.

Es que a inicios de la Base 2 todo es maravilloso, tiempo para disfrutar, preocupaciones banales y mucho tiempo para entregarse al amor son las complicaciones de los jóvenes de cualquier generación. Memorables son los casetes

“Quita Calzón” (Dícese de aquel contenedor música que contaba con 120 minutos de canciones melodiosas, capaces de aflojar hasta el jean más ajustado de la ciudad) y digo casetes pues ante el éxito de su compilación se contabilizaron “oficialmente” 32 copias para su difusión constante. Si bien es cierto, la versión 2 y 3 no tuvo el éxito de la original es posible que algún crio de aproximadamente 10 a 15 años haya sido producto de unas horas al compás de Aerosmith, Poison, Alberto Plaza o el inmortal Santana.

Por una fina cortesía del “Chato Avila” a ese auto jamás le falto un vinito y 2 vasos, el cual se convertiría en protagonista, justo segundos después de la segunda canción de alguna de los casetes antes mencionados. … “Oh mira que coincidencia… un vinito… y con dos vasitos… que harán por aquí” listo, con eso el chato dejo una lección memorable, casi imperecedera, la misma que ha sido responsable de más de un matrimonio durante la primera década del nuevo milenio.

Con la llegada del Cd el “auto party” no pudo dejar de estar a tono y fiel a su estilo, estrenó forros de muebles nuevos. Si bien es cierto

la inauguración del mismo no fue nada auspiciosa, 14 de febrero de … no recuerdo el año… pues luego de unas cervezas heladas, una vecina poco agraciada dejaba fluir sus instintos con el cabecilla de banda, en ese momento nuestro fiel compañero se convirtió en “Idolo”, en el hombre del corazón más amplio de la década y por ende en el tormento de dicha fémina, la cual cuando se da la posibilidad de un breve intercambio de palabras no deja de mencionarme a su “aventura de verano”, “su Valentín”, a el “ilustre e indomable caballero” aún cuando se encuentra en la fila de los casados.

Si nos situamos a inicios del 2000 la importación de autos no cobraba lo bríos de hoy y el buen Toyota se alejaba por lejos de ser un taxi de ocasión, con aquel motorizado de cuatro ruedas, las noches se convertían en páginas de historias dignas de ser contadas, pero por respeto a sus protagonistas y al redactor, se encubr

en sobre las sombra de los cuentos narrativos, sin embargo hoy, que se empuja por un cariño ausente, es difícil no recordar las melodías de compases suaves que acompañaban las palabras cualquier narración de poca trascendencia.

Ya a inicios de esta década no se contaba con ningún medio de transporte, sin embargo unos meses atrás fui presa de la misma medicina. Una agraciada fémina contaba con un usb de rigor y provista de melodiosas canciones creo su “quita correa”, no estaba al frente del timón, me entraba a un lado de la pilota y entregado a la ilusión y al buen recaudo. Sinceramente, no recuerdo los autores de las canciones, pues no importaban, las luces y el brío de sus mirada eliminaban cualquier dispersor de atención. Tan sólo faltaba el mar y el sonido de las olas de fondo, pero se co

mpensaban con el aroma de su piel y la tersura de su cuerpo.

El amanecer amenazaba con aparecer y las canciones continuaban, el auto se convertía en cómplice de cada uno de sus movimientos y responsable de promesas acuciosas producto del buen arte de amar. No hubieron lunas empañadas, era imposible con el calor de la ciudad, pero si recuerdos de yemas recorriendo metros de piel de gallina, respiraciones agitadas y húmedos labios muy cerca de los pallares de uno los sentidos más sensibles del ser humano.

No hubo “vinito”, sin embargo la poca cebeda helada macerada que refrescaba el momento, era más que suficiente para tejer ilusiones futuras, lograr fijar miradas del sentido más sincero, y a veces esquivo, de los mortales; y sobre todo para motivar a un comodón empedernido a pasar más de 36 horas, eso sí con las comodidades del caso, recorriendo miles de kilómetros en busca de aquel auto, compañía y nuevos re

cuerdos, que quizás en algún momento sirvan, para una nueva narrativa o un cuento

fantaseoso de aquellos que se hacen extrañar.

Hoy a muy pocos días de estrenar nuevo auto, de seguro no será posible tener un “quita calzón” en la guantera, sin embargo espero tener un cd “roba corazón de estreno” para cuando le toque conocer mi ciudad.



El Maiky

Pies de fotografías. En la primera vista, lo que fue alguna vez el carro party, en segunda silueta de la pilota y auto motivador de la narrativa