Un toque más al cigarro, era lo único que necesitaba para descansar, de más esta entrar en detalles de un clásico día dedicado al trabajo. La fricción de las patas de un grillo y el sonido peculiar del viento cerca de la medianoche, permitían que las imágenes recreadas segundo a segundo le ayudaran a mitigar la ansiedad.
Noto (El dios de las tormentas de finales de verano) se aburrió de la comparsa y sopló con fuerza, levantando al poco polvo de la calzada y con el, al grillo. Los colegas de profesión, a lo lejos, se negaron a tamaña reacción y frotaron con mayor intensidad sus extremidades. Esa no sería una noche de urbe, deseaba ser algo más.
La madera crujió y detrás de un árbol cómplice, logramos ocultarnos. Abrió la puerta, salió al balcón y Noto, quiso sentirla, rozar su piel y percibir su aroma. Las ramas se movieron de forma inusual y sus cabellos flotaban en el viento. Vaya si Noto lo estaba disfrutando. El grillo se apreso de los pasadores para no salir disparado del lugar.
Por primera vez la vi lagrimear, la fuerza de Noto, no le dio tiempo de cerrar los párpados y al cabo de unos segundos no estaba más bajo el umbral. La impotencia se apoderó del lugar, el grillo indignado, brinco una y otra vez dar conectar el mejor de sus derechazos, él sólo cogió un puñado de tierra y la soltó al viento.
Pensó en irse, sin embargo la volvió a ver, esta vez, detrás del ventanal con el rostro humedecido
y la mirada fija sobre las nubes, tal vez intentando darle forma a las nubes o quizás nada; como fuese el grillo exhausto, se emplazó sobre una piedra y decidió descansar. Ella frunció el ceño, sonrió, giro la cabeza y conversó.
Era tiempo de partir, el grillo volvió a tocar su eterna melodía, mientras los demás dos de los dioses del viento se frenaban a Noto. Unos segundos después Céfiro (Dios de las brisas primaverales) llevo con un leve soplido unas cuantas flores que se desvanecieron justo sobre el ventanal. Ella corrió el ventanal y una flor cayó sobre sus manos. La colocó sobre su cabello y jugueteo con la luna.
Tomó unos segundo el también para reír y de espaldas a ella, jugueteo también con las formas de las nubes, le dejo la luna como espejo solitario. Abrió la cajetilla, se coloco un cigarro en la boca, pero una brisa caprichosa se lo saco de los labios, no había porque renegar. Lo volvió a llevárselo a la boca, encendió un fósforo y una nueva brisa apago la llama, tan sólo que más cálida y con aroma (un soplido). Levanto los ojos y tenía sus labios junto a los suyos, el cigarrillo había caído
muy cerca del grillo pero esta vez ni se inmuto acompaño los segundos con sus sonidos.
Se acercó a el y le susurró muy bajito unas palabras que sólo el grillo pudo comprender… dio la vuelta y corrió… Esta vez no fue tras ella, tan sólo cogió un pedazo de carbón del suelo y sobre la roca que daba frente al ventanal escribió en de una forma especial Yo también pienso en ti.
Noto (El dios de las tormentas de finales de verano) se aburrió de la comparsa y sopló con fuerza, levantando al poco polvo de la calzada y con el, al grillo. Los colegas de profesión, a lo lejos, se negaron a tamaña reacción y frotaron con mayor intensidad sus extremidades. Esa no sería una noche de urbe, deseaba ser algo más.La madera crujió y detrás de un árbol cómplice, logramos ocultarnos. Abrió la puerta, salió al balcón y Noto, quiso sentirla, rozar su piel y percibir su aroma. Las ramas se movieron de forma inusual y sus cabellos flotaban en el viento. Vaya si Noto lo estaba disfrutando. El grillo se apreso de los pasadores para no salir disparado del lugar.
Por primera vez la vi lagrimear, la fuerza de Noto, no le dio tiempo de cerrar los párpados y al cabo de unos segundos no estaba más bajo el umbral. La impotencia se apoderó del lugar, el grillo indignado, brinco una y otra vez dar conectar el mejor de sus derechazos, él sólo cogió un puñado de tierra y la soltó al viento.
Pensó en irse, sin embargo la volvió a ver, esta vez, detrás del ventanal con el rostro humedecido
y la mirada fija sobre las nubes, tal vez intentando darle forma a las nubes o quizás nada; como fuese el grillo exhausto, se emplazó sobre una piedra y decidió descansar. Ella frunció el ceño, sonrió, giro la cabeza y conversó.Era tiempo de partir, el grillo volvió a tocar su eterna melodía, mientras los demás dos de los dioses del viento se frenaban a Noto. Unos segundos después Céfiro (Dios de las brisas primaverales) llevo con un leve soplido unas cuantas flores que se desvanecieron justo sobre el ventanal. Ella corrió el ventanal y una flor cayó sobre sus manos. La colocó sobre su cabello y jugueteo con la luna.
Tomó unos segundo el también para reír y de espaldas a ella, jugueteo también con las formas de las nubes, le dejo la luna como espejo solitario. Abrió la cajetilla, se coloco un cigarro en la boca, pero una brisa caprichosa se lo saco de los labios, no había porque renegar. Lo volvió a llevárselo a la boca, encendió un fósforo y una nueva brisa apago la llama, tan sólo que más cálida y con aroma (un soplido). Levanto los ojos y tenía sus labios junto a los suyos, el cigarrillo había caído
muy cerca del grillo pero esta vez ni se inmuto acompaño los segundos con sus sonidos.Se acercó a el y le susurró muy bajito unas palabras que sólo el grillo pudo comprender… dio la vuelta y corrió… Esta vez no fue tras ella, tan sólo cogió un pedazo de carbón del suelo y sobre la roca que daba frente al ventanal escribió en de una forma especial Yo también pienso en ti.