La luz tenue, la escasa luz y las meriendas junto al lado de una voluptuosa colección de libros, empezaron a ser las recurrentes imágenes de estas cuatro paredes. Y en realidad no debería ser anormal recluirse entre escritos e investigaciones en pro del conocimiento, sin embargo cuando el mundo y sobretodo los calendarios no se detienen, las divisiones de cemento se convierten en muros más gruesos, las ventanas se ven más pequeñas y el silencio empieza a ser una agradable compañía.
Así una noche sin luna, cuando los grillos se fueron de paseo y la cama, las sillas y las mesas se convirtieron incomodas,
Si el sólo observar 10 libros por devorar era ya una tortura, porque no pensar que podrían ser más de mil, si la láuna leve sonrisa se esbozo en medio de un domingo por la noche. El suelo frio parecía ser acogedor y la espalda necesitaba de ese rigor esquivo para darle la vuelta a otra noche de monotonía.
En esos momentos un lío amoroso felino, de esos que suelen suscitarse entre tejas ardientes, hizo que tu viera un sobresalto. Creo que el galán angora logro ponerse a buen recaudo o de repente su furtiva acompañante deseaba verlo en una nueva noche pues el ronroneo más parecía una oda al recuerdo.
Es allí que atiborrado de pensamientos el aburrido espacio donde discurrían las noches de descanso, se convirtió en la biblioteca de narrativa medieval y micifuz en el enemigo natural.mpara otorgaba la brillantez necesaria para no estresar a un rebelde lector, porque no pensar que podría ser un candil de kerosene de corto alcance y si era cansino impulsar las yemas sobre una portátil sobre las piernas, porque no pensar que una pluma con tintero ayudaría a plasmar las ideas de la mente.
El movilizarse de un lugar a otro se convertía en un paseo sobre rechinantes maderos y cada vez que las cortinas eran agitadas por el viento nocturno había que cuidar que no sólo la mecha que iluminaba el espacio de trabajo no se apagará sino agacharse a recoger algunas fotos que acompañaban las veladas sobre la mesa de lectura.
Sobre la cabeza un halcón decidió que no fuese parte de su merienda e iba y venía incesantemente al pueblo a traerme la correspondencia, no importase que fuese de día y de noche, siempre que la ventana este sin seguro. Era común brindar por las buenas nuevas recibidas aunque alguna vez extendió sus alas para ayudar a pasar algún mal rato.
La ruma de libros y la estantería atiborrada de conocimiento muchas veces reducían el poco aire que circundaba el lugar y había que abrir la ventana superior, subirse sobre la colección de estudios algebraicos y dejar que la brisa de la noche diera ese respiro. Allí llegaba “Tiho” un Guacamayo parlanchín, un avechucho que se ganaba la vida como imitador por las mañanas y que por las noches memorizaba mis palabras y las reproducía algunos kilómetros más allá con una fidelidad indrescriptible. Merlín, el mago de la comarca dejo como obsequio una concha de caracol que cumplía la misma labor que “Tiho” pero era divertido el pisar los libros abrir la ventana y escuchar con los ojos cerrados y la cola en la mano la imitación perfecta del verde amarelo plumífero. Al cerrar la ventana, un apretón sincero a sus patas rojas
y el sincero aplauso era el mejor pago que podía brindarle.
¿Cómo iba y venía tan rápido? El buen Merlín alguna vez lo toco con su báculo de marfil y le dio el secreto de los vientos del sur… en fin cosas de hechiceros.
Ahh claro… los pies
se enfrían y hasta la narrativa sea cancina, así que allí esta, así nació una buena noche el ratón, en su biblioteca, con sus libros, narrativas, esperanzas, desventuras , hechizos, odas y trovas, conviviendo con los enredos de la cola propia y ajena .
Al menos de esta forma algunos fines de semana de estudio y ansiedad discurrían de forma más entretenida.

Ojalá algunos y algunas quieran conocer más de esta biblioteca y su comarca donde quiera que estén.
Es tiempo de apagar el lamparín, guardar al halcón, tapar la tinta, doblar los pergaminos y claro dejar que plumífero se vaya a parlanchinear mas allá, quizás el ratón se anime a contar algunos de sus últimos cuentos, total Mickey y Disney no son los únicos que pueden fantasear, que descansen
El ratón de biblioteca








