miércoles, 31 de agosto de 2011

Paris



Fue una de las primeras cosas que me regalaron, una guía de la ciudad, siempre he tenido predilección por llevarlos conmigo, no es agradable estar perdido y más aún cuando te encuentras sólo en la ciudad. Aquella vez me sirvió en demasía, le coloque más de un puntito y con paciencia logré ubicarme hasta memorizar cada espacio de la ciudad. Allí aparecía la heladería, el restaurante donde almorcé, las oficinas y claro como llegar a mi hotel.

A la espalda de aquel papel impreso con las calles de la urbe, la publicidad y sus mensajes buscaban inducir a los visitantes a disfrutar de los placeres de la ciudad, con excepción de uno, el cual me llamo por demás la atención, pues tenía el logo parecido al de una tienda muy antigua de zapatos a donde mi madre solía ir de compras. Aún recuerdo

el olor a cuero y tintes de la casa del calzado el cual por inicios de los años 80 cubría los finos pies de las damas de la época, en fin el hecho es que en esta tienda vendían joyas. Bah… joyas, es decir yo busca

ba discotecas, pizzerías, pubs y me ponen joyas… es decir…

Unos meses después el mismo mapa me serviría de guía en la ciudad, estaba vez buscaba restaurantes y funcionaba como un laza


rillo pues los puntos marcados me llevaban sobre los pasos recorrido, en realidad al cabo de unas horas el mapa mental me obligo a tenerlo casi siempre en el bolsillo posterior del jean. Tan sólo al irme, en el preciso momento de sentarme en el b

us, el mapa se estaba estropeando con el peso que ejercía sobre él, es allí que al pararme para colocarlo en otro sitio, me

permitió observarla de pie, con las manos sobre la reja y con las mismas ganas de quedarnos en el mismo lugar.

Esa misma imagen regresaba una y otra vez en casa, cada vez que observaba el mapa sobre la mesa de mi habitación, las mismas preguntas sin respuestas, una y otra vez, hasta que Paris otra vez Paris cobro sentido. Largas horas para llegar hasta París, no sin antes realizar paradas en busca de lo perfecto, innumerables manos se ofrecieron en pro del momento memorable; sin embargo tan sólo al llegar la noche y luego

de largo peregrinar Paris abriría sus puertas.

Una vez allí no fue muy difícil, el brillo era el indicado, la forma especial, abrí nuevamente aquel mapa gastado, otorgado en la primera vez y me cerciore que fuese el mismo lugar. El fondo negro las letras plateadas y Joyerías París emociones que brillan… y vaya que brillo… como la última vez que vi sus ojos… como las estrellas que hoy están lejos, tan lejos y tan cerca en este cielo limeño…




nota.- La foto superior es uno de los obstáculos divertidos camino a Paris... algun dia quizas lo cuente

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